SIN FRONTERAS - EL ARTE DEL LIBRE ALBEDRÍO

MOVIMIENTO l - PREGUNTAS

    Mis quince años vividos que, hasta entonces parecían mucho, se tornaron nada. El orgullo de mi posición de líder de pandilla dejaba de tener importancia. Me desangraba solo contra la pared del baño de un bar mientras el mundo resbalaba de su cauce.
     En mis días en las calles de San Pablo ya había visto de todo. Cosas que la mayoría no podría creer. Violencia, patotas; tiros, peleas, cadenazos; cuerpos regados como trapos en las escaleras, chicos apuñalados: algunos sin ninguna suerte. ¿Cuál sería la mía?
     En la duda del presente se escondía el futuro. Si ahí se terminaba todo, ¿dónde quedarían los sueños que había soñado y las imágenes que me propuse perseguir?

    Me acuerdo que cuando chico, tipo siete u ocho años, en el departamento de unos parientes, mi tío y yo nos sentamos en la proa del barco que él pintó con sus palabras.
     Era un día brillante, con un mar de azul profundo.
     Mientras él preparaba su espíritu para otro viaje en el navío mercante alemán en el que trabajaba, me hablaba de aventuras en puertos distantes. Hablamos de países y culturas diferentes, tempestades y tiburones en alta mar.  En ese paisaje nos quedamos toda la tarde hasta la puesta del sol. Por lo menos lo recuerdo así.
     Yo mismo a esa edad ya escuchaba con oídos de quien entendía un poco los aromas y la energía de otras ciudades. Había nacido en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia; vivido en La Paz y Cochabamba, en Sao Pablo en Brasil y, en ese entonces, vivía a 50 kilómetros, en Jundiaí.

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Derek Lopez - Sin Fronteras, El arte del libre albedrío