SIN FRONTERAS - EL ARTE DEL LIBRE ALBEDRÍO

MOVIMIENTO l - PREGUNTAS

    Muchas veces antes, había peleado con patotas enemigas en calles extrañas. Muchas veces, con los ojos abiertos -entre los golpes de esa ciudad- enfrenté sus diferentes verdades y las encrucijadas de su dura realidad. Muchas veces había llorado y reído. Pero ese golpe en la espalda me traía un presagio desconocido.
     Con mi mano derecha bañada en sangre, finalmente descubro la herida. La molestia que sentía no era como los golpes que había recibido de borceguíes, puños o hasta cachiporras de la policía. Esta vez no dolía tanto pero me dejaba un gusto metálico en la boca. El mismo que tal vez tenía el puñal que había invadido mi carne.
     De repente, el túnel de nuestras miradas se desvanecía en el color rojo de la sangre que teñía mi mano. Percibí el sonido de la banda como un ruido sordo, como si nos hubiéramos hundido varios metros bajo el agua.
     Miré para atrás y vi esa vieja silla de madera apoyada contra la pared. Parecía una pintura surrealista que sólo un artista solitario y melancólico podría pintar. Quizás era sólo mi impresión y la imagen era tan real como las preguntas que empezaban a surgir en mi cabeza. Por algún motivo esa imagen se grabó en mi retina para nunca desaparecer.
     Caminé tambaleante hacia ella, gotas de sangre por el piso. Sentía la sangre verter de mi cuerpo igual que las preguntas.
     Maniobré para sentarme, pero me caí a un costado. Me incorporé para apenas proteger mi espalda contra la pared.  Entonces allí, con las palmas de mis manos sobre el suelo y mis piernas estiradas en impotente abandono, pregunté lo que por siglos el hombre viene preguntándose a sí mismo: ¿Qué me trajo aquí? ¿Hacia dónde voy si salgo de esto?

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Frases extraídas - Movimientos l - ll - lll - lV - V

 

 

 

 

 

 

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Derek Lopez - Sin Fronteras, El arte del libre albedrío